Los “fenómenos propios de la cultura digital contemporánea como la clonación, el sampleo de audios que sucede en la música remezclada y la producción de espacios físicos urbanos como réplicas de espacios modelados por computadora, o espacios “virtuales”, no pueden ser entendidos sin recurrir a las series de diferencias que los constituyen. Para no dejar de lado las relaciones matemáticas que fueron el origen del código digital, me referiré a estas diferencias seriales como “diferencialidad”. Lo diferencial es la variable que es propia en una serie entre sus momentos de repetición y los intervalos que separan a las réplicas unas de otras. Si el clon, el audio sampleado y la imagen digital son ejemplares de replicación, deben de ser considerados también variables que están marcadas por las series de diferencias que también facilitaron su producción. Adicionalmente, [todos ellos] forman una relación diferencial de convergencia y divergencia con el mundo de la biología, el sonido y la imagen a los que prometen reducir a través de traducciones numéricas. Tomar lo diferencial en cuenta en un análisis de la cultura de la información es reinsertar el valor de esos intervalos de no-captura, mal funcionamiento y fluctuaciones azarosas inmanentes a la materialidad de vuelta [o inscrita] en la serie de réplicas perfectas” (Munster: 29)
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