miércoles, 17 de agosto de 2011

Sobre los amateurs en ciencia (consumidores de animal planet y discovery channel)

"Si los amateur son una consecuencia de la cultura de la Ilustracion, los tecnocidanos han surgido para ayudar a corregir sus excesos.

La existencia de los amateur en ciencia es la mejor prueba de que la curiosidad, el goce por aprender, el espíritu altruista son un gesto que cuenta con cierto prestigio social. Los historiadores lo interpretan como signo inequívoco de la expansión cultural de la ciencia y un síntoma de la buena salud que goza la imagen pública de la llamada moral de la ciencia, un concepto que da amparo al encuentro entre las culturas del rigor y la cultura nacional o, dicho de otra manera, de la convergencia entre las dos repúblicas: la República del Saber que hace de la ciencia un bien común, y de la República civil que hace del bien común una política.

Los amateur no sienten ningún interés por los avatares que conducen la investigación hacia su mercantilización y privatización. Tampoco quieren saber (casi) nada sobre los laberintos del fraude o del consenso en ciencia, como tampoco de las muchas servidumbres asociadas a la burocracia, la carrera, la regulación o el índice de impacto. El amateur pertenece de alguna manera a la cultura de las maravillas, siempre dispuesto a dejarse sorprender y siempre preparado para escuchar al sabio. Aunque su pasión son los espacios naturales, como corresponde a un buen astrónomo, ornitólogo o ecologista, son hijos de los museos decimonónicos, esos espacios repletos de objetos nunca vistos que debemos a los exploradores y que supieron situarse en la intersección del coleccionismo con la taxonomía y del gay saber con el buen gusto.

El amateur, desde luego, nada tiene que ver con el ciudadano inquieto por los organismos genéticamente modificados, el cambio climático o la amenaza de la gripe aviar. El amateur confía plenamente en los expertos y ni se le ocurre la posibilidad de reemplazarlos. Lejos de desconfiar de sus saberes y prácticas, aplaude sus conocimientos e imita sus maneras. Los tecnocidanos, en cambio, quieren poner la ciencia bajo control público y han aprendido a desconfiar de algunos científicos. Son también amantes del saber, pero hijos de la tecnociencia. Nacieron con Hiroshima y supieron que eran actores decisivos de esta eradamocleciana tras las catástrofes de Bhopal (diciembre, 1984),Chernobil (abril, 1986) y del Challeger (enero, 1987).
Mientras los amateur adoran (justamente) a CarlSagan y su inolvidable serie Cosmos, los tecnocidanos siguen enganchados a RachelCarlson y su impactante Silent Spring (1962). Los amateur nacieron mientras leían a Feijoo o al conde Buffon, y gozaban en los gabinetes de máquinas o de historia natural. Desde entonces siguen boquiabiertos ante el espectáculo de los ascensos de globos, los diaporamas, las exposiciones universales y los science center.

Desde luego no son una reliquia del pasado, como lo prueba la siempre creciente industria de los documentales de National Geographic o el canal Discovery, por no hablar del Epcot Center, las películas de ficción científica y la proliferación de ecocentros, parques temáticos o ferias de la ciencia que se expande por nuestras ciudades. No estamos hablando de una gente ingenua, frívola o conformista, sino de personas que han consumado con éxito la escisión promovida por la modernidad entre ciencia y cultura, lo que equivale a confiar plenamente en la capacidad de nuestras instituciones y los expertos para separar los hechos de las opiniones. Los amateur no han aprendido o no quieren problematizar la relación entre ciencia y sociedad.

Los tecnocidanos, sin embargo, están enredados entre incertidumbres. Hace tiempo que perdieron la fe de carbonero que caracterizó la admiración de los amateur hacia los científicos y no dudan en expresar sus muchas dudas sobre el papel de los expertos, unos actores que lejos de estar en la dinámica de las soluciones, son vistos como una parte del problema. Todos los días aparece en la prensa alguna noticia que nos habla de conflictos de intereses, corrupción o fraude en ciencia. Y lo peor es mirar para otro lado. Reach,el Codex Alimentarius o el Panel Intergubernamental del Cambio Climático son buenos ejemplos de la urgencia que tenemos de abordar estos problemas con la participación de nuevos actores. No es que podamos prescindir de los expertos, sino que necesitamos incluir en los procesos de decisión otros ciudadanos.

Los tecnocidanos, como también los amateur, han venido para quedarse y son toda esa multitud de gentes que engrosa el voluntariado medioambiental, las asociaciones de afectados, las agrupaciones ciudadanas, las ONG que luchan por la justicia global. Si la institución histórica de referencia de los amateur es la Royal Society o la American Association for the Advancement of Science, las de los tecnocidanos son el Bulletin of Atomic Scientist, los science shops, actup, wikipedia o la sourceforge. La verdad, no sé entre las estructuras mencionadas cuál merece mayor admiración. Todas, sin embargo, tienen dos cosas en común: la capacidad de los ciudadanos para apropiarse del conocimiento y las tecnologías al margen (o en paralelo) de los sectores del saber (y del poder) público y privado."

Texto escrito por Antonio Lafuente, tomado de la siguiente dirección: http://www.madrimasd.org/blogs/tecnocidanos/2008/07/12/96728

Les recomiendo su blog: "Tecnocidanos"

No hay comentarios:

Publicar un comentario